Recientemente,
el escritor guatemalteco editó la versión en inglés
de su novela Señores bajo los árboles. Esta ya circula en
el ámbito universitario estadounidense.
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Virginia
del Aguila: Dos de sus novelas (El esplendor de la pirámide
y Los demonios salvajes) ya fueron traducidas al inglés,
aunque no han sido editadas. Allí están, pero yo no promuevo
mis libros en las editoriales ni tengo talento de vendedor. Me pasé
la vida metido en la izquierda, queriendo hacer la revolución, explica
Mario Roberto Morales. Empero, uno de sus textos (basado en hechos reales)
ya cruzó exitosamente la frontera del idioma y ahora circula en
las principales universidades estadounidenses. Se trata de Señores
bajo los árboles, la testinovela en la que Morales presenta -de
modo literario- las vivencias de algunas de las víctimas del
conflicto armado guatemalteco.
La
obra, titulada
Face Of The Earth, Heart of The Sky, fue convertida
al inglés hace varios años y publicada, en 1999, por el sello
Bilingual Press. Algunos imprevistos burocráticos impidieron que
fuera lanzada en su momento, por lo que hace un par de meses comenzó
a ser distribuida en la Unión Americana.
¿Cómo
surgió la idea de traducir Señores bajo los árboles?
Fue
iniciativa del académico Edward Hood, a quien conocí en Guatemala
durante un congreso de literatura. Había leído este libro
y se interesó mucho en traducirlo. Le señalé que sería
difícil, porque en este texto intenté plasmar, de modo literario,
el habla de los indígenas cuando se expresan en español,
con sus acentos y cadencias. Hood insistió y me propuso que al final,
revisáramos juntos su manuscrito. Obtuvo una beca de la Universidad
de Arizona del Norte para dedicarse al proyecto, en el que creyó
desde el principio. En 1996 vino al país y, durante dos semanas
revisamos su traducción. Luego de mi aprobación, la envió
a tres o cuatro editorialesestadounidenses, varias de las cuales la rechazaron
porque se refería a un tema fuerte. Bilingual Press decidió
publicarlo.
¿Qué
hizo a las autoridades universitarias y a la editorial interesarse en la
propuesta?
El
que sea una novela documental, de un material histórico que retrataba
la realidad particularmente dramática de un país latinoamericano
que estaba en proceso de firmar los acuerdos de paz. Era necesario divulgar
ese tipo de documentos, para evitar que dichas situaciones se repitieran.
Realmente,
Señores
bajo los árboles es el primer testimonio orgánico literario
de la contrainsurgencia. También es un texto político pionero,
anterior a los informes de la Comisión de la Verdad. La universidad
se interesó porque se trata de un documento literario que deja constancia
de un hecho atroz. Un poco como la Brevísima relación de
la destrucción de las Indias, de Fray Bartolomé de las Casas,
quien a su llegada a América documentó las atrocidades de
los conquistadores y lo informó a la Corona.
¿Amplió
los contenidos o los dejó tal y como los concibió originalmente?
Es
exactamente el mismo texto. Sólo varió el título,
porque a Hood le pareció que Señores bajo los árboles
no dice nada en inglés. Entonces le puso Faz de la Tierra, corazón
del cielo, una frase que se reitera en la obra y que tomé del Rabinal
Achí. Expresa además el carácter indígena de
las voces que articulan el texto.
¿Cuán
fiel puede ser la traducción de una testinovela como ésta?
Se
pierden muchísimos elementos, como la visión del mundo del
hablante. Luego de narrar masacres horrendas, un indígena cierra
su testimonio con una frase desarmantemente modesta, como Es lo único
que tengo que decir. En español, lo entendemos y nos conmueve porque
conocemos la idiosincrasia indígena. Pero en inglés, desaparece.
Esa puede ser la mayor pérdida en la traducción de un material
en el que el lenguaje y las hablas son muy importantes. Es casi imposible
captar la idiosincrasia cultural en su totalidad.
En
este caso, ¿cómo se adaptó el habla indígena
a un idioma como el inglés?
Pensé
que si alguien no conocía el original y tomaba la versión
en inglés para convertirla al castellano, saldría un libro
distinto. Ed hizo un esfuerzo en este sentido, pero se enfrentó
a un problema: si traducía con demasiada fidelidad, no se comprendería.
Había que hacer ciertas concesiones al lector norteamericano, para
que captara lo que yo había querido decir en guatemalteco. Ambos
convenimos que la traducción de los pasajes indígenas estaría
más ligada a la idea que un gringo tiene de un campesino latinoamericano,
y no específicamente a esos giros indígenas que al ser
traducidos
al inglés resultarían como jerigonza.
Las
pérdidas y concesiones, ¿restan esencia a la novela?
No.
Además de ser un experimento lingüístico en español,
la novela pretendió ser un documento histórico para que la
memoria se preservara. En inglés, funciona bien como documento,
pues informa y recrea lo que ocurrió a las etnias indígenas
que se vieron envueltas en la guerra entre el Ejército y los grupos
guerrilleros.
No
habría sido más sencillo que usted mismo tradujera el material?
(RISAS).
Sí, probablemente. Yo he traducido algunos de mis ensayos, pero
no me siento bien escribiendo literatura en inglés. Para eso prefiero
el castellano. Quizá habría podido asumir el proyecto, pero
no quería volver a leer el libro. Después de traducir Guatemala,
cosecha de violencia y de redactar Señores bajo los árboles,
quedé saturado de masacres y todo eso. Cuesta creer que tanta brutalidad
fue cierta.
La
tendencia en las letras centroamericanas
¿Considera
que
Face Of The Earth, Heart of The Sky motivará la realización
de libros similares, que además proyecten la literatura centroamericana
en otros mercados?
Sí.
En Guatemala se producen muchos testimonios acerca de la guerra. Algunos
son indígenas, como el de Víctor Montejo; otros son ladinos,
como el de Yolanda Colom. Hay oficiales del Ejército con la inquietud
de hacerlos. Me parece bien, porque serán materia prima cuando se
escriba la versión histórica de lo que aquí ocurrió.
Mi novela cumplió esa función y salió en un momento
en el que dar testimonios aún era una inquietud. Sin embargo, creo
que ya está pasando la ola de ese género, porque ya entramos
en otra etapa.
Entonces,
¿hacia dónde van las letras regionales?
Siento
que en materia de novela histórica, Guatemala va a la zaga. Tenemos
un pasado colonial, post colonial y republicano con un anecdotario riquísimo,
como para escribir novelas. Imagino que algunos escritores seguirán
ese rumbo. Por otro lado, hay temáticas como para hacer thrillers
o películas con Schwarzenegger, como el asunto de Mincho. La variedad
es enorme. Ahora que la ola del terror es menor (aunque de otro tipo),
creo que la autocensura en los escritores también disminuirá.
En los años 80 fue terrible y los autores no dijeron nada de lo
que pasaba, lo que es razonable. Guatemala es un país muy intenso
-cultural y políticamente- como para hacer una novela.
FIN
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