Vida, Siglo Veintiuno
(10 de julio de 2000)
Entrevista con  Mario Roberto Morales



Mario Roberto Morales


Portada de la versión en inglés de Señores bajo los árboles

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Recientemente, el escritor guatemalteco editó la versión en inglés de su novela Señores bajo los árboles. Esta ya circula en el ámbito universitario estadounidense.
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Virginia del Aguila:  Dos de sus novelas (El esplendor de la pirámide y Los demonios salvajes) ya fueron traducidas al inglés, aunque no han sido editadas. Allí están, pero yo no promuevo mis libros en las editoriales ni tengo talento de vendedor. Me pasé la vida metido en la izquierda, queriendo hacer la revolución, explica Mario Roberto Morales. Empero, uno de sus textos (basado en hechos reales) ya cruzó exitosamente la frontera del idioma y ahora circula en las principales universidades estadounidenses. Se trata de Señores bajo los árboles, la testinovela en la que Morales presenta -de modo literario- las vivencias de algunas de las  víctimas del conflicto armado guatemalteco.

La obra, titulada Face Of The Earth, Heart of The Sky, fue convertida al inglés hace varios años y publicada, en 1999, por el sello Bilingual Press. Algunos imprevistos burocráticos impidieron que fuera lanzada en su momento, por lo que hace un par de meses comenzó a ser distribuida en la Unión Americana.

¿Cómo surgió la idea de traducir Señores bajo los árboles?

Fue iniciativa del académico Edward Hood, a quien conocí en Guatemala durante un congreso de literatura. Había leído este libro y se interesó mucho en traducirlo. Le señalé que sería difícil, porque en este texto intenté plasmar, de modo literario, el habla de los indígenas cuando se expresan en español, con sus acentos y cadencias. Hood insistió y me propuso que al final, revisáramos juntos su manuscrito. Obtuvo una beca de la Universidad de Arizona del Norte para dedicarse al proyecto, en el que creyó desde el principio. En 1996 vino al país y, durante dos semanas revisamos su traducción. Luego de mi aprobación, la envió a tres o cuatro editorialesestadounidenses, varias de las cuales la rechazaron porque se refería a un  tema fuerte. Bilingual Press decidió publicarlo.

¿Qué hizo a las autoridades universitarias y a la editorial interesarse en la propuesta?

El que sea una novela documental, de un material histórico que retrataba la realidad particularmente dramática de un país latinoamericano que estaba en proceso de firmar los acuerdos de paz. Era necesario divulgar ese tipo de documentos, para evitar que dichas situaciones se repitieran.

Realmente, Señores bajo los árboles es el primer testimonio orgánico literario de la contrainsurgencia. También es un texto político pionero, anterior a los informes de la Comisión de la Verdad. La universidad se interesó porque se trata de un documento literario que deja constancia de un hecho atroz. Un poco como la Brevísima relación de la destrucción de las Indias, de Fray Bartolomé de las Casas, quien a su llegada a América documentó las atrocidades de los conquistadores y lo informó a la Corona.

¿Amplió los contenidos o los dejó tal y como los concibió originalmente?

Es exactamente el mismo texto. Sólo varió el título, porque a Hood le pareció que Señores bajo los árboles no dice nada en inglés. Entonces le puso Faz de la Tierra, corazón del cielo, una frase que se reitera en la obra y que tomé del Rabinal Achí. Expresa además el carácter indígena de las voces que articulan el texto.

¿Cuán fiel puede ser la traducción de una testinovela como ésta?

Se pierden muchísimos elementos, como la visión del mundo del hablante. Luego de narrar masacres horrendas, un indígena cierra su testimonio con una frase desarmantemente modesta, como Es lo único que tengo que decir. En español, lo entendemos y nos conmueve porque conocemos la idiosincrasia indígena. Pero en inglés, desaparece. Esa puede ser la mayor pérdida en la traducción de un material en el que el lenguaje y las hablas son muy importantes. Es casi imposible captar la idiosincrasia cultural en su totalidad.

En este caso, ¿cómo se adaptó el habla indígena a un idioma como el inglés?

Pensé que si alguien no conocía el original y tomaba la versión en inglés para convertirla al castellano, saldría un libro distinto. Ed hizo un esfuerzo en este sentido, pero se enfrentó a un problema: si traducía con demasiada fidelidad, no se comprendería. Había que hacer ciertas concesiones al lector norteamericano, para que captara lo que yo había querido decir en guatemalteco. Ambos convenimos que la traducción de los pasajes indígenas estaría más ligada a la idea que un gringo tiene de un campesino latinoamericano, y no específicamente a esos giros indígenas que al ser
traducidos al inglés resultarían como jerigonza.

Las pérdidas y concesiones, ¿restan esencia a la novela?

No. Además de ser un experimento lingüístico en español, la novela pretendió ser un documento histórico para que la memoria se preservara. En inglés, funciona bien como documento, pues informa y recrea lo que ocurrió a las etnias indígenas que se vieron envueltas en la guerra entre el Ejército y los grupos guerrilleros.

No habría sido más sencillo que usted mismo tradujera el material?

(RISAS). Sí, probablemente. Yo he traducido algunos de mis ensayos, pero no me siento bien escribiendo literatura en inglés. Para eso prefiero el castellano. Quizá habría podido asumir el proyecto, pero no quería volver a leer el libro. Después de traducir Guatemala, cosecha de violencia y de redactar Señores bajo los árboles, quedé saturado de masacres y todo eso. Cuesta creer que tanta brutalidad fue cierta.

La tendencia en las letras centroamericanas

¿Considera que Face Of The Earth, Heart of The Sky motivará la realización de libros similares, que además proyecten la literatura centroamericana en otros mercados?

Sí. En Guatemala se producen muchos testimonios acerca de la guerra. Algunos son indígenas, como el de Víctor Montejo; otros son ladinos, como el de Yolanda Colom. Hay oficiales del Ejército con la inquietud de hacerlos. Me parece bien, porque serán materia prima cuando se escriba la versión histórica de lo que aquí ocurrió. Mi novela cumplió esa función y salió en un momento en el que dar testimonios aún era una inquietud. Sin embargo, creo que ya está pasando la ola de ese género, porque ya entramos en otra etapa.

Entonces, ¿hacia dónde van las letras regionales?

Siento que en materia de novela histórica, Guatemala va a la zaga. Tenemos un pasado colonial, post colonial y republicano con un anecdotario riquísimo, como para escribir novelas. Imagino que algunos escritores seguirán ese rumbo. Por otro lado, hay temáticas como para hacer thrillers o películas con Schwarzenegger, como el asunto de Mincho. La variedad es enorme. Ahora que la ola del terror es menor (aunque de otro tipo), creo que la autocensura en los escritores también disminuirá. En los años 80 fue terrible y los autores no dijeron nada de lo que pasaba, lo que es razonable. Guatemala es un país muy intenso -cultural y políticamente- como para hacer una novela.

FIN 
 

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